Estos días de retiro he notado en el aire una cierta vorágine, mucha actividad, propuestas de todo tipo para entretenernos, hacer actividades, no aburrirnos.
Por una parte, me parece fantástica esta capacidad que tenemos de ser creativos y reaccionar rápido a un evento adaptando propuestas y ritmo de vida.
Por otra, también me he dejado llevar por esta ansia de querer hacer cosas, hasta llegar al punto de agobiarme.

Y he caído en la cuenta de que estamos en lo mismo de siempre: llenar un vacío.

Llenando el día y la agenda de actividades.
Haciendo nuevas listas de cosas por hacer, esta vez en casa.
Pasando mucho tiempo delante de las pantallas.
Haciendo…
Haciendo…
Haciendo…

No sé vosotros, pero siento una profunda necesidad de parar.
De reemplazar el hacer por el ser y estar.
De aburrirme.
De entregarme plenamente a este vacío.
El vacío creador.

Y me he acordado de mi estancia en el Plum Village de Thich Nhat Hanh, en Francia.
Hay un planning para cada día de la semana.
Y hay un día que llaman el Lazy Day.
El “día perezoso”, traducido literalmente.
Wu Wei, para un taoista.
Es un día de descanso, un día para no hacer nada.

Este día, no hay planning.
Por la mañana te dan la comida del mediodía en un tupper, y cada uno pasa el día como quiere. La consigna: no tocar un ordenador ni un móvil, estar en silencio, comer en silencio, pararse unos minutos cuando escuchamos la campana.
No hay ninguna obligación. Es una propuesta, un compromiso con una/o misma/o.
Recuerdo que este día, me pasé horas contemplando el corazón de una flor de loto, hipnotizada por su belleza y su color amarillo potente.

Es una práctica que hicimos también en la formación de Mindfulness para niños.
Una práctica indispensable.
Para transmitir paz, la tienes que sentir en ti.
No hay otra.

Aquí va mi propuesta para mañana, domingo 22 de marzo de 2020

Olvidarte del ordenador, la tablet o el móvil.
No tener ninguna tarea o actividad programada.
Estar con tus seres queridos Y contigo a la vez.
Pasar el día en silencio.
Escuchar el silencio.
Pararte a sentir tu respiración.
Meditar, si te sale.
Escuchar lo que te susurra tu cuerpo.
Seguirle.
Descansar.
Contemplar.
Ser. 
Simplemente ser.
Entregarte al vacío.
Estar presente en el aquí y ahora.
Y observar lo que surge.
Sin juzgar.

Si estás con tus hijos en casa, quizás puedes proponerles de hacer al menos una comida en silencio, saboreando cada bocado, masticando, oliendo. Si son pequeños, se les puede plantear como un juego divertido .

Más que nunca, necesitamos sentir paz y serenidad en nuestros corazones.

Lo vamos a poner en práctica con mi querida amiga y vecina Xènia. ¿Nos acompañas?

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies. // Ce site emploie des cookies pour vous proposer la meilleure expérience utilisateur possible. En poursuivant votre navigation, vous acceptez l'utilisation de ces cookies, ainsi que notre politique en relation.

ACEPTAR
Aviso de cookies